Mi hijo tiene cuatro años y, cuando alguien le pregunta a qué se dedica su madre, dice que vendo libros de casas. No le falta razón.
Cada vez que me ve colorear, quiere hacerlo él también. Tiene su propio libro y nos sentamos juntos a la mesa, cada uno con lo suyo. Lo de él acaba siendo bastante abstracto. Lo mío tarda más.
Los dos coloreamos. No hacemos lo mismo
Él colorea para llenar. Coge el rojo, que es su color favorito, se sale de la línea, cambia de color a la mitad y le da igual. Y está bien que sea así: tiene cuatro años.
Yo, delante de un salón, decido. De qué color es la pared y cómo le da la luz de la tarde. Si el sofá es terracota o verde, y qué pasa con la alfombra si es verde. Si las cortinas dejan pasar la luz o la cortan. Es lo mismo que haría si me mudara mañana: poner la casa como a mí me gustaría. Eso sí, de esta forma es bastante más asequible para mi bolsillo.
Hay quien piensa que colorear es cosa de niños. No lo es, ni con casas ni con mandalas: quien pasa una tarde con un mandala también está eligiendo, igual que yo con un salón. Lo mío pasa por casas porque es lo que me ha movido siempre.
La casa con la que he soñado mil veces
Mi paleta suele ser tranquila: blancos rotos, lino, madera, algún verde apagado. Me sale sola.
Hay una página que no: una cocina. No la diseñé pensando en nada en concreto, pero cuando la vi terminada en línea me recordó demasiado a un sitio que había soñado tantas veces con pisar: la cocina del piso de Friends, mi serie favorita.
Me he descubierto muchas veces fijándome en cada detalle de esa cocina: cómo está decorada, cómo son las tazas, cómo rebosa color por todas partes y, aun así, se lee como un solo espacio. Claro que haberla visto tantas veces ayuda.
Así que ¿qué mejor forma de entrar en esa cocina que colorearla en mi libro? Esa es la magia de esto: conectar de una forma totalmente creativa con los espacios que te gustan. Usé los mismos colores vivos que en la pantalla y tuve que salir de mi zona de confort de tonos neutros. Al terminarla tenía en el papel una cocina en la que llevaba años queriendo entrar.
Esa cocina está en Diseña tu Espacio, por si te apetece entrar tú también.
Lo que él tiene y yo no
Sé que suena raro, pero hay algo en su forma de colorear que me gustaría para mí. No duda. No se para a pensar si el morado va a quedar bien. Lo pone y ya.
Yo me lo pienso todo. Supongo que por eso, cuando acabamos, su página y la mía parecen de dos planetas distintos.
Él sigue contando que su madre vende libros de casas. No pienso corregirle.

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